La inteligencia artificial está en boca de todos, pero una pregunta sigue abierta: ¿realmente nos hace más productivos?

Si preguntas a los directivos, la respuesta es “sí, por supuesto”.
Pero si preguntas a los empleados, la respuesta es mucho más matizada.
Entonces, ¿quién tiene razón?


La brecha entre directivos y empleados

Un estudio reciente de la consultora Section, citado por el Wall Street Journal, muestra un contraste llamativo:

  • Dos tercios de los empleados dicen que la IA les ahorra menos de dos horas por semana.
  • El 40 % afirma incluso que podría “no volver a usar IA nunca más” y estar bien.
Mientras tanto, más del 40 % de los ejecutivos dice que les ahorra más de ocho horas semanales.

Una diferencia significativa.
Porque aunque los directivos se sientan impulsados por estas nuevas herramientas, eso no significa que la empresa esté viendo beneficios reales.


La ilusión de la productividad

Un estudio del grupo METR reveló un fenómeno preocupante.
Desarrolladores experimentados que usaban asistentes de IA tardaron un 19 % más en completar sus tareas…
… mientras creían que iban un 20 % más rápido.

En otras palabras: la IA puede crear una ilusión de productividad.
Como esas aplicaciones de listas de tareas en las que pasas más tiempo configurándolas que usándolas.


Cuando el “workslop” llega a la oficina

Esta ilusión incluso tiene nombre: workslop — contenido generado por IA que parece buen trabajo, pero carece de profundidad o fiabilidad.

En algunas empresas, los directivos producen documentos con la ayuda de la IA… que luego sus equipos deben corregir. El resultado: el ahorro inicial de tiempo se convierte en una pérdida colectiva de tiempo.


El verdadero problema no es la IA, sino cómo la usamos

En Leadkong.com creemos que la cuestión no es si las empresas deben usar IA, sino cómo.
La IA puede ser una gran aliada para la productividad si se usa con criterio, en los ámbitos donde realmente aporta valor, y no solo porque está de moda.

Por eso diseñamos nuestro chatbot Leadkong bajo una filosofía sencilla:
👉 una IA pragmática, útil e inteligente.
No una religión, ni un capricho tecnológico.
Solo una herramienta pensada para ayudar a las empresas a avanzar sin perderse en la ilusión de la productividad artificial.


Hacia una IA más responsable y consciente

Los estudios se multiplican, los modelos evolucionan y los usos se consolidan.
Pero algo sigue siendo cierto: la productividad real no se mide por el número de prompts generados, sino por los resultados tangibles.

La IA debe seguir siendo un amplificador de habilidades, no un sustituto del pensamiento.
Y para las empresas, el reto no es integrar la IA a toda costa, sino entender dónde marca realmente la diferencia.


En conclusión

La paradoja de la productividad con la IA nos recuerda una verdad simple:
Sentirse eficiente no es lo mismo que serlo realmente.

Antes de celebrar la “revolución de la IA”, hagámonos la pregunta correcta:
¿Nuestras herramientas nos ayudan a trabajar mejor o solo a sentirnos más ocupados?